domingo, 1 de marzo de 2015

Mi pequeño lugar en el mundo

Tuve una niñez feliz, de esas que se recuerdan para toda la vida. La vida de barrio le dio un encanto especial, un entorno perfecto, un escenario increíble. Fue así que ya de grande, no pensé sino en quedarme acá. Lo elijo todos los días, todavía me enamora.


Recuerdo vacaciones enteras, jugando en la calle, a la mancha, al quemado, al futbol. Recuerdo los amigos de enfrente, cuatro, igual que nosotros. Recuerdo tardes en casa o en la de ellos, jugando, bailando e investigando en lo que habíamos dado en llamar “el club”. Recuerdo los gritos de las madres, turnándose, con el “¡A tomar la leche!” y, cuando ya era tarde, el grito de “¡¡Adentro!!”. Recuerdo el timbre sonando, y el “¿Bajás?”. Recuerdo los retos de las madres, la guerra de coquitos y los carnavales en la calle.

Al día de hoy me parece escuchar todavía el grito de “¡Auto!” cuando estábamos jugando en el medio de la calle. Todavía me duele el empedrado duro contra las rodillas en alguna caída. Recuerdo, los juegos maravillosos de la Plaza Colombia, esas hamacas de tipo caballo, el barril tipo toro y el tobogán gastado. Todavía disfruto la historia del fantasma de Santa Felicitas, al que nunca vi pero siempre temí. 

Y como a ese fantasma, recuerdo con nostalgia los personajes del barrio: el afilador y esa armónica que iba y venía sin parar; el botellero y ese grito con tonadita tan particular, con ese carro al que le gritábamos desde el balcón cuando teníamos algo para entregarle. Me acuerdo de Don Julio, de Doña Sofía y Don Mauricio, de Café con Leche, de Chuli, me acuerdo de El Faro y la libreta de almacén. Conocíamos a todos los vecinos, las ventanas estaban siempre abiertas, los saludos eran costumbre, los mandados los hacíamos los chicos y los caramelos siempre formaban parte del vuelto.

Recuerdo las tardes, andando en patines de cuatro ruedas –como eran los de antes- con las tiras naranjas ajustables. El más pequeño en bicicleta con rueditas aún y esperando ser grande para que les retiraran esas guías. También recuerdo el cactus de la esquina, mi pierna dolorida y la bici destrozada. Tengo presentes aún los rasguñones en el mentón, producto del descarrilamiento del carrito a rulemanes bajando a toda velocidad por la barranca del Parque Lezama, vecino a mi querido Barracas. 

De ahí enfrente, me parece todavía recordar el olor a galletitas de Canale, a los viejos bizcochitos que disfrutaba en desayunos y meriendas con mis hermanos y abuelos. Recuerdo ver desde la cocina de la casa de los viejos, esa bandada de palomas que daban vueltas sobre nosotros, en círculos, todos los días. También recuerdo el aroma a galletas de Noel, de Bagley, el perfume a chocolate de Águila y el olor del Riachuelo que en cada sudestada inundaba las esquinas. 

Recuerdo el encuentro con los amigos en la esquina, las charlas, las risas y el primer beso, el primer amor. Aquellos amigos del barrio son hoy mis grandes amigos, los de toda la vida, los que elijo y me eligen, los que me hacen ser quien soy. Con ellos comparto la vida, los sueños, los juegos y las risas. De ellos me nutro, me hago y me conformo. De aquí, es también y ahora el último amor, el que me inspira y me instiga, el que elijo y me elige, el que comparte la lucha, los sueños, la vida, los juegos; el de las raíces que estoy echando, que se trenzan a las viejas y crece y vuelve a enraizarse y vuela y me deja ser. 

Todo eso solo en este pequeño lugar, el que me vio nacer y crecer, el espacio que elijo y sueño, que construí, protejo y reconstruyo. Barracas es mi historia de amor, de vida y de sueños. Es tango, amigos y raíces. Es mi lugar, mi espacio y mi cielo. Es mi refugio, mi silencio y mi risa. Y yo soy parte de él.


 





2 comentarios:

  1. Buenisimo! Hermoso relato, con sentimiento genuino al barrio y mostrando tu esencia pura, esa que te dio la vida y Barracas. Además utilizás las palabras justas y exactas para describir lo que era el barrio en nuestra infancia. Cualquier barraquense de nuestra generación le bastará para leer esto y sentirse identificado.

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  2. Hermoso Romi, me emocione y regresaron recuerdos a mi memoria. Me acuerdo de eso y muchas cosas mas (escuchar los casetes de Madonna, queriamos adoptar a todas las mascotas que encontrábamos, brillita, la familia y los vecinos sentados en sillas en la vereda, y mas) . Que lindos tiempos aquellos. Inolvidables.

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