domingo, 7 de mayo de 2017

Y un día...

Un día volví.
Volví a escucharme.
Volví a sentirme.
Volví a pasar un domingo a solas.
A enfrentarlo.
A disfrutarlo, también.

Un día regresé.
Me pensé en silencio.
Me vestí de paciencia.
Y me vi, otra vez.

Me escuché.
Me permití extrañar.
Me senté a esperar,
sin saber bien qué.

Y un día volví.
Volví a encontrarme.
Volví a entenderme.
Volví a auscultarme.
Volví a latirte.
Volví a sentirte.

Así, sin verte,
Mas cerca que siempre.
Mas claro que entonces.
Mas vivo que antes.


Desafíos

Soltar.
Crecer.
Volver a soñar.
Insistir.
Respirar.
Proyectar.
Empezar a sentir.
Amanecer.
Despertar.
Vivir...




miércoles, 28 de septiembre de 2016

Sólo... cosas

No sé bien cómo empezar esto. Iba a decir que hay objetos que me encantan, me enamoran. Pero no son sólo objetos. Son cosas.
Pensé cuando vamos a la ferretería y pedimos “el coso que se engancha en el cosito”. Creemos que hasta un idiota entendería, pero son tantas las posibilidades que encierra el concepto “cosa/o” que despierta dudas.
Me pregunté entonces cuál es la definición de “cosa”. “Cosas” son objetos y formas y “algos” que sentimos y nos pasan. Son algos tangibles e intangibles, son reales y son abstractas, virtuales, platónicas, imaginarias y sentimentales. Mucho! Tanto que no logré armarme una definición de “cosa” que encerrara todo esto. Entonces recurrí al diccionario, así me enseñaron siempre en casa. Y me sorprendí porque, para “cosa”, el diccionario de la Real Academia Española que es como el Messi de los diccionarios en español, daba un montón de sentidos y definiciones. Pero hubo una que llamó mi atención más que nada. Decía “bien”. Era la sexta definición, y me quedé con esa idea de bien en mi cabeza.
Me gustó pensar en esas cosas que me gustan como aquellas que suponen un bien para mí. Recurrí otra vez al diccionario y también observé que “bien” tiene un montón de definiciones y sentidos. Por supuesto, mis ojos y mi lectura se fijaron únicamente en la definición que mejor se cerraba a mi idea, la primera: “Aquello que en sí mismo tiene el complemento de la perfección en su propio género, o lo que es objeto de la voluntad, la cual ni se mueve ni puede moverse sino por el bien…”.
Así fue que llegué a elaborar esa lista de cosas / bienes para mí. No son únicamente objetos. No son personas. No son situaciones, ni colores. No son sensaciones, ni compañías. Son solo cosas que me enamoran, que me mueven, que mueven mi voluntad. Varias y muchas.
He aquí la lista:
El tinte ocre de otoño en los árboles.
Hamacarme.
Las aldabas.
Las cajitas de música.
La forma en que él pronuncia “Romi”.
Viajar.
Los terroncitos de azúcar.
El número cuatro y la familia numerosa.
El arco iris los días de lluvia.
Los años bisiestos.
Las flores de papel que alguien te regala.
Las puertas de madera de las casas antiguas.
Los buzones.
La risa desde las tripas.
El color azul glaciar.
Su abrazo contenedor las noches que no puedo dormir.
Las acuarelas.
La vieja línea A del subte de Buenos Aires.
Las telarañas de las viejas cerraduras.
Los chalecos tejidos por mamá.
Las estaciones de tren de pueblo.
Los bancos de esas estaciones.
Las esperanzas que se sentaron en esos bancos.
La sensación en la panza en la montaña rusa.
La perfecta redondez de su ombligo.
Los pomponcitos de algodón.
Los domingos de películas en invierno.
La pizza fría con el mate en la mañana siguiente.
Las anécdotas familiares.
Las vacaciones de invierno del cole.
Las historias de amor con final feliz.
Las charlas con la abuela.
Los triciclos.
Los tonos pastel.
Los viajes en auto a ningún lugar con mis amigos.
Las risas de mis sobrinos.
Sus pestañas.
Sus abrazos.
El olor del pasto recién cortado.
Cantarle canciones de cuna a los bebés.
La sensación de piel de gallina en el cuerpo.
El perfume de la lluvia en el campo.
El “buen día!” de un desconocido.
Los mates con las chicas.
El olor a mandarina recién arrancada.
Los amarilis de la abuela.
La siesta en hamaca paraguaya.
El ronroneo de mis gatos.
El chocolate.
Los relojes de arena.
Las confesiones con mi amiga.
Las fiestas con mi familia.
Los globos terráqueos.
Las fotos viejas.
El olor a libro.
Algunos cielos.
La mirada cómplice y divertida de mi viejo.
Meter las manos en la tierra húmeda de mis plantas.
Contar molinos en un viaje a Roque Pérez.
Esas cajas de lápices de decenas de tonos distintos.
Los globos aerostáticos.
Las mariposas.
La forma en que el hielo se derrite en la boca en el verano.
La fotografía.
La luna llena.
El molinillo de pimienta.
El perfume de la pimienta recién molida en comida casera.
Mirarlo mientras cocina para los dos.
La botella de vino para celebrar.
Armar la mochi para salir de Buenos Aires.
La seda.
El juego de bochas.
La máquina de coser.
La nieve.
La nieve que se come, la que venden en las plazas.
El almuerzo en familia y el asado con gente querida.
Los días largos de primavera.
Los lunes de café con mamá.
El abrazo prolongado con quienes quiero.
El calor del sol en los días frescos.
El olor de los bebés.
La reunión con amigos.
El olor a la tierra mojada.
Y creo que podría seguir. Porque a medida que escribo, se me vienen más y más cosas que me enamoran a la cabeza y a la piel. A muchas de ellas tengo la posibilidad de disfrutarlas casi a diario, de sentirlas al menos a diario. Son las que conforman mi patrimonio, hacienda, caudal; otra definición de bien. Y otras, son esas que despertaron momentos o situaciones placenteras, que me movilizaron y que me conforman, por lo que son también mi patrimonio.
Había una canción de una película cautivadora en mi infancia: mis cosas favoritas. Y aquí están más o menos, entonces, las notas que hacen sonar mi propia melodía.




domingo, 25 de septiembre de 2016

Encuentro...

Me perdí un día. No sé cómo, cuándo, ni dónde. Me perdí en laberintos ciegos de salidas y pretextos.
Me perdí en silencios bulímicos de secretos ahogados. Me perdí en sombras de días cansados.
Me cegué en pretéritos de porvenires. Me callé en suspiros expectantes. Me fui yendo, despacio y de a poco, casi sin darme cuenta.
Me hundí en pesadillas de rutinas enviciadas. Me oculté en costumbres repetidas y absurdas. Me escondí en palabras sin sentidos entre voces conocidas.
Me agazapé en nostalgias y recuerdos. Me deshice de virtudes y sueños. Me fui yendo, en silencio, cobardemente. Y ya el espejo no respondía.
Me perdí un día y me costó el regreso. No había vuelos, ni brújulas, ni estrellas.
Y una noche, te encontré en el cielo. Te seguí intuitivamente, te corrí. Me aferré con los ojos cerrados a mi cama, pese a las horas insomnes que me urgían.
Me vi en tus ojos reflejada. Me sentí en tu abrazo. Recobré el día, las horas de luz, la música. Percibí los domingos, las mañanas de primavera. Los viví. 
Me materialicé en caricias, en perfumes. Me enredé en susurros, en tus dedos. Me envicié de tardes juntos, de noches largas. 
Me perdí de nuevo, sin quererlo. Me perdí en tus plegarias, en tus ojos, en tus tiempos. Me cegué en tus manos. Me callé en tus besos. Me encontré en tus huellas.



sábado, 11 de junio de 2016

No sé cuántos pasos fueron... pero para atrás...

No sé cuántos pasos fueron. Este último 3 de junio no funcionó el contador de pasos de mi celu. Pero sé que fueron muchos.

Sí, di muchos pasos desde mi trabajo hasta la movilización. Pisé fuerte. Con más fuerza que la de costumbre. Pensé en cada paso y con cada pisada. Esta era una forma de meditar. Este año me encontraba distinta. Caminar hasta allá me permitió mentalizarme, ir pensando. Pisé fuerte y con cada paso nombré una a una a todas las compañeras desaparecidas en manos de algún macho. Fueron muchos pasos. Demasiados. Las nombré y las hice presente. Las traje a mí. Me nutrí de ellas.

A medida que avanzaba, seguía pensando en todas y cada una de las situaciones que vivimos cotidianamente, como ya acostumbradas a tanto. Sentí en el cuerpo las sensaciones de muchas ausencias, de todas las que en este nuevo 3 de junio no podían caminar conmigo.

Llegué y otra vez fuimos muchas personas. Hombres y mujeres, de todas las edades. Cochecitos, niños a upa, panzas de embarazos, guagüitas, adolescentes y jóvenes de a montones, de la mano, abrazados, besándose, hombres y mujeres adultos, cómplices, abuelos con bastones, con andadores. Muchos carteles, frases, fotos, caras. También vi muchas caretas, ausencias. Vi lágrimas. Yo también me emocioné. Lloré. Empañé el visor de mi cámara. No quería perderme nada hasta que me perdí por completo en la causa.

Me incomodó prestar más atención que la vez anterior. Mucha gente, sí. Pero esta vez vi muchas agrupaciones políticas, que el año pasado no había visto. Vi como varones con pecheras y banderas de colores dirigían a mujeres con pechos y miradas de dolor. Dudé.

Recordé que el año pasado había vuelto ilusionada. Pensé que algo había cambiado ese 3 de junio. Pero este nuevo año me encontró con las mismas estadísticas y las mismas utopías... Caminé. Fueron muchos pasos. Cada paso reforzó la impotencia. Cada paso me sirvió para pensar que mientras sigamos naturalizando muchas situaciones cotidianas, esto no va a cambiar.

Mientras en el grupo de futbol del trabajo, nuestros compañeros sigan pasándose el video hot que alguien le hackeó a una modelo o actriz…

Mientras nuestra amiga tenga que plantarnos –otra vez- porque su ex nunca llegó en el horario que correspondía a buscar a su hijo…

Mientras sigamos escuchando “andá a lavar los platos” cuando nos cruzamos con un apurado conductor del sexo opuesto…

Mientras en el colegio privado o en la oficina, no podamos elegir si usamos el uniforme con pollera o con pantalón…

Mientras la publicidad continúe mostrando a las mujeres como objetos para vender cualquier producto…

Mientras sigamos mirando Bailando por un sueño y riéndonos de la banalización de la violencia…

Mientras sostengamos que a esa compañera le dieron la categoría porque se acostó con el jefe…

Mientras sigamos sin hacer el divorcio por miedo a que nuestro ex se lleve a los niños…

Mientras regresemos corriendo a prepararle la cena al marido, aunque estemos agotadas después del trabajo…

Mientras le enseñemos a nuestra hija a juntar la mesa mientras el hijo juega a la play con el papá…

Mientras sigamos escuchando “mujer al volante, peligro constante”…

Mientras sigamos pensando que irnos solas de vacaciones a un lugar desconocido es peligroso…

Mientras el vendedor ambulante siga ofreciendo el mismo trapo como “la rejilla para la cocina” a las mujeres y “para el auto” a los hombres…

Mientras sigamos sosteniendo que una mujer apoyada en la pared, agotada de laburo, y charlando con un compañero está queriendo levantárselo…

Mientras nuestra defensa siga siendo un botón antipánico…

Mientras sigamos considerando que el ama de casa se rasca todo el día…

Mientras a nosotras sigan preguntándonos en las entrevistas de trabajo si tenemos hijos o pensamos tenerlos…

Mientras no tengamos independencia económica…

Mientras la prepaga nos siga cobrando diferencial por ser madre después de los 35 años…

Mientras pensemos en un vagón del subte exclusivo para mujeres en lugar de pensar en educar a los varones…

Mientras sigamos diciendo que una mujer “trepa” en su trabajo en lugar de ascender por su capacidad… 

Mientras sigamos llamando “piropo” al acoso callejero…

Mientras acusemos a una mujer de abandonar a un hijo y nunca acusemos al padre ausente…

Mientras tengamos que bancarnos el acoso de un jefe por miedo a perder el trabajo…

Mientras sigamos caminando con temor por la calle a la noche…

Mientras sigamos temiendo a la policía si hacemos una denuncia por violencia…

Mientras sigamos sin hacer la denuncia por lo que pasará después…

Mientras un juez pueda decir que no sabía que el departamento que alquilaba era utilizado como prostíbulo…

Mientras sigamos tolerando que aquellas mujeres que ocupan puestos de poder se comporten como machos, maltratando al resto de las compañeras…

Mientras pensemos que el perfil del liderazgo femenino es débil e inútil…

Mientras tengamos sexo sin usar forro porque a él le molesta…

Mientras nuestros representantes sigan diciendo barbaridades y no reciban ningún tipo de sanción…

Mientras los médicos se rehúsen a practicar los abortos contemplados por la ley…

Mientras la iglesia continúe ocultando a los curas pedófilos…

Mientras en el colegio no se dé educación sexual como corresponde…

Mientras las violaciones colectivas sigan sucediéndose…

Mientras sigamos cuestionando la vida privada de las víctimas de violación…

Mientras presos por violaciones, femicidios o agresiones a mujeres sigan obteniendo salidas por “buena conducta”…

Habremos caminado dando pasos en falso. Seguiremos caminando como María Sin Paz, solo con pasos p’ atrás…


jueves, 26 de mayo de 2016

Deseo, luego soy

Desear.
Apasionarse desde las entrañas y el corazón.
Saltar.
Pegar un salto, incluso al vacío.
Pensar.
Mirar por el espejo y pegar el volantazo.
Hacerse cargo de querer estar mejor.
Estar mejor.
Buscar nuevos desafíos.
Abrazarlos.
Quedarse despierta a la noche estudiando.
O no poder dormir por los nervios.
Aguantarse los nervios motivadores.
Enfrentar la ansiedad.
Aguantar los nervios que nos mueven cuando estamos quietas.
Llevar demasiado tiempo, quietas. En silencio.
Pellizcarse la oreja para no dormirse.
Nunca dejar de soñar.
Aprender a valorar.
Y darse valor a una misma.
Distinguir a quienes nos rodean.
Diferenciar personas con precio y con valor.
Valorarlas, también.
Escucharlas y aprenderlas.
Aprehenderlas, porque son únicas.
Dejarlas ser con nosotras.
Dejarnos ser.
Entender que somos únicas,
que cada centímetro de nosotras es valioso y único.
Comprender que somos irrepetibles.
Entender la finitud de cada quien.
Reconocer la infinidad de cada alma.
Entender aquello que nos rodea.
Ser una con el universo.
Hacerse cargo. Comprender.
Que cada impulso tiene consecuencia.
Que cada acto supone valentía.
Que cada sueño libera promesas.
Volver a pensar nuestros pasos.
Que cada instante es vida.
Que cada momento es presente.
Que cada futuro está donde queremos ir a buscarlo.
Que construimos lo que deseamos.

Y que deseamos, por eso somos.


lunes, 25 de abril de 2016

Casi un capricho

Yo quiero un amor libre, sin ataduras, sin condiciones y sin mordazas. Libre. Quiero obedecer ciegamente a mis deseos, a mis caprichos y a mis voces.
Quiero elegirte cada día y cada noche. Porque elegirte me hace responsable, hace que me haga cargo de esa opción. Elegirte me compromete, me involucra, me conecta con las profundidades de mí misma.
Yo quiero un amor libre. Quiero poder decidir y planificar. Pero solo planificar los próximos instantes, mientras sean al lado tuyo.
Quiero un amor que me ponga en jaque, que me haga pensar y me deje ser. Quiero un amor que me desafíe el futuro, que me sorprenda siempre.
No quiero un amor dado por sentado, no quiero uno que sea tibio. Quiero un amor picante, que me colme y me permita crecer. Quiero uno que me pellizque, que me haga cosquillas y sentir mariposas.
Quiero un amor libre, que me confunda, que me enerve y me tranquilice también.
Porque sé que no hay mayor libertad que en la elección y la decisión. Porque allí se juegan y se conjugan todos mis principios, mis valores y mis deseos. Porque allí medito, me siento en el aquí y ahora, me potencio. También allí te potencio, te vuelvo pensamiento, principio y fin.
Quiero un amor libre, que me deje elegirte. Quiero un amor libre que me inquiete y me serene.