martes, 26 de mayo de 2015

Lluvia de una tarde de otoño

Una tarde lluviosa, de otoño,
vi el cielo gris y las calles resbalosas,
sentí las gotas bañando los árboles,
oí el ruido de los autos al pisar el agua,
miré los paraguas que se chocan
en el caminar apurado de la gente.
Esa tarde lluviosa, observé alrededor,
me pregunté por qué las molestias,
por qué las corridas, por qué guarecerse,
por qué no andar en bici y sentirla,
por qué no caminar y vivirla.
Si la lluvia es vida, es naturaleza,
es renacer, es experiencia.
por qué no festejarla.
A esa lluvia
que reverdece,
que riega los campos
y hace crecer el arroyo.
A la lluvia
que se cuela por todos lados,
que hace florecer el jardín
y esconderse a los gatos.
Lluvia
que despierta el olor del pasto,
que repicotea en las tejas
y despabila del letargo.
Lluvia
que emociona,
que eriza la piel,
que promete.
Lluvia
que invita a la siesta,
al abrazo del amado,
al mate en la cama.
Lluvia
que limpia,
que sana,
que alimenta el alma.


1 comentario: