Creo que no sueño. Si lo hago, nunca recuerdo
lo que sueño. Pero dicen que todos soñamos. En realidad, sueño más despierta
que dormida, si es eso posible. Y despierta tengo sueños lindos, prometedores.
Sueños de proyectos, de puentes y de andares. También de hangares, de viajes y
de amores.
Me pregunto, a veces, qué es lo que hace que
sueñe tanto despierta y no lo haga dormida. O, mejor, no lo recuerde. ¿Qué
elementos operan en mi cerebro o en mi psiquis para no tener un solo recuerdo
de esos supuestos sueños que todos tenemos? ¿Todos los tenemos? ¿Alguien más
sueña tanto despierta? ¿Solo se recuerdan algunos sueños? ¿Las pesadillas
también se recuerdan? ¿Qué nos dicen los sueños? ¿Qué decimos nosotros a través
de ellos? Pero nada. Ni sueños, ni recuerdos, ni respuestas.
Pero esa noche fue distinto. Algo pasó. Me
desperté, llorando, angustiada. Como si hubiera sido real, como si pudiera
todavía sentirlo. Un árbol, raíces, risas, duelos, mi cabeza, el corazón,
obligaciones, mandatos, aprietes, cadenas, no hay frutos, no hay nadie… El
silencio, el árbol, yo y la nada, la oscuridad… mi cama y yo, sola…
Aun llorando, asustada, tomé la lapicera y el
cuaderno de noche, esos que duermen en la mesa de luz, esperando el rol
protagónico que merezca la pena. Y anoté, con detalles, todo lo que recordaba.
Imágenes sueltas, sonidos, visiones que creía retener, sensaciones, todo lo que
tuviera que recordar para entender.
Y lo reviví, a los dos días, despierta,
charlando con mi terapeuta. Como si acabara de suceder, otra vez lloré. Tampoco
lo entendí entonces. Pero reviví el dolor, las angustias, los pesares, las
imágenes y mis muertas, las que aún lastiman y duelen, las raíces, los agobios,
los fantasmas. Tan real, tan concreto y tan fantástico.
Y poco a poco, entendí. Empecé a hacerlo. Hoy
lo veo claramente.
Esa noche, dormida, fui mujer. Y me desperté y
no logré entenderlo. Fui mujer, sin tapujos y sin orgasmos, sin charlas y sin
nadie al lado. Y crecí, sin tener que cambiar talles y sin lanzarme al
chocolate. Y renací, sin dolores y sin olvidos. Y parí, sin hijos y sin sexo. Y
fui mujer, sin prejuicios, sin ataduras, sin molestias, sin miedos. Y hoy soy
ésta, soy mujer honesta, valiente, despierta y resuelta.
Y lo revivo hoy aquí, otra vez, para compartir,
para avanzar y seguir. Lo traigo para cantar, para remontar vuelo y latir. Lo
vuelvo a sentir, a pensar y a reconocer.
Hoy lo vuelvo a entender, a construir y a
merecer. Hoy lo domino, lo nomino y lo hago carne. Hoy lo entiendo, lo maduro y
lo re-aprendo. Hoy lo constituyo y me re-construyo…
Hoy sé que ese despertar en la noche, sola y
angustiada, me hizo ser la mujer que soy, la que llegué a ser, la que
experimento en el cotidiano correr de mis tiempos y transcurrir de mis
espacios, la que todavía se forja a razón de sueños ya despierta y, a veces,
todavía, dormida…

Orgullosa de ser tu hermana! Me encantó y me emociono! :)
ResponderBorrarSos la hermana más linda del mundo!!
ResponderBorrarSos mujer hecha carne y hecha alma, porque con el alma está escrito esto y con la carne fue vivido. Muy feliz que dejaras atrás tus miedos y ahora, hecha mujer, decidas compartir tan bellos escritos y tan hermosas fotos a los demás.
ResponderBorrarRomina celebro y agradezca la apertura de tu corazón, la belleza de tus palabras y la pasión compartida por decirnos mientras decimos
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