sábado, 21 de febrero de 2015

Amelia

Las manos de la abuela
eran firmes y delicadas.
Sus dedos eran largos,
delgados, cariñosos.
Hasta el último suspiro
usó su alianza,
como ignorando la muerte,
el tiempo, el olvido,
como recordando el amor,
el cariño, la pasión.
Eran manos de abuela,
que cocía con amor,
que cocinaba, que trabajaba.
Eran manos con aroma
a tortas fritas y a "princesitas".
Eran manos con sabor
a polenta caliente,
a mates de la tarde,
a puré enrejado.
Eran manos con promesas,
con anhelos, con dulzura.
Las recuerdo manchadas,
arrugadas, cansadas.
Las recuerdo hábiles,
ansiosas, amorosas.
Las siento todavía
sensibles, tolerantes.
Las siento acariciándome
las mejillas, los hombros,
mis propias manos.
Las extraño cómplices,
alegres, apuradas.





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