Así decía la vieja canción... eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia.
Un martes fresco, allá por el 2001, me levanté, me duché y salí corriendo, solo despidiéndome con un beso de mi abuela. Compré las facturas y tomé un taxi porque se me hacía tarde. Durante el viaje escuché algunas noticias inconexas e increíbles. Llegué a destino, por Parque Chacabuco. Mientras alguien preparaba el mate, pregunté y encendí la tele. Y sí, las noticias daban a conocer un hecho que parecía increíble. Estados Unidos había sido atacado y estaba derrumbándose el World Trade Center de New York. Desayunamos en silencio, atentos a las transmisiones e imágenes de la tele. Recuerdo que esa mañana le dije “éste es uno de los días en que me siento parte de la historia”.
En el 2004, con el 11-M, sentí lo mismo. Estaba viviendo la historia, sintiéndome parte de ella. Varios años más tarde, en una reunión, una mañana fría de julio, con algunos colegas, escuchamos con piel de gallina cuando José Manuel narraba lo que vivió esa mañana como Jefe de la Policía de Madrid. Nos contó su historia, imborrable en la cabeza y en el corazón. Escuchamos la canción que su nieta había recomendado, lloramos y nos emocionamos de pensar cómo ese hecho rompió y quebró miles de historias.
También me sentí parte de la historia, cuando en mi país, viví una asamblea para reformar la constitución; cuando se aprobó la mayoría de edad a los 18 años; cuando se suspendió el servicio militar obligatorio, más conocido como “Colimba”; cuando sufrimos el corralito y el presidente debió renunciar por escucharnos; cuando el 125 fue el número más citado en la Argentina y un "no positivo" se escuchó a la madrugada, mientras yo atónita y expectante seguía el debate por la tele; cuando se aprobó el matrimonio igualitario; cuando marché pidiendo #NiUnaMenos… Vuelvo a traer estos momentos en los que me sentí parte de la historia y rescato las miles de historias de vida que fueron afectadas por cada proceso, por cada hito…
Pero no fue sino hasta hace tres días, en que me sentí protagonista de la historia. Me tocó varias veces sentirme parte, pero nunca había sentido hasta ahora la posibilidad hacerla, de ser protagonista y de colaborar en cambiar la historia de muchos que a partir de ahora tienen más oportunidades, más recursos, más esperanzas.
Estoy convencida que probablemente, como ya ha sucedido, los que tengan esta posibilidad ni se darán cuenta. No sabrán de nuestra historia, los que hicimos que esto fuera posible. Quien dirigió y orientó este trabajo, una mujer fuerte que conocí más en profundidad en estos días, dijo emocionada que lo que estábamos haciendo es "trascendental". Ya lo creo! Allí en un bonito rincón, cruzando el charco, con un grupo de compañeros, militantes, escribimos otra historia, sin egoísmos y sin banderas. Escribimos una historia de esfuerzos, de logros, de acuerdos, de años de trabajo incansable. Porque creemos que hay otra historia, que espera ser contada, que espera escribirse, que nos une en las posibilidades y nos involucra en los principios. Porque creímos que nuestro rol es otro. Es el del protagonista que reinventa el presente y el futuro, que piensa en otro mundo posible, que alza su voz pensando en todas las voces, que defiende apasionadamente los acuerdos y los compromisos asumidos, que sostiene valores comunes, que le da un nuevo rumbo a la historia y que desafía los destinos esperados. Es el del que siente, luego piensa, y en consecuencia trabaja. Es el del siento, luego existo.
Siempre me pregunté qué habría pensado -y mejor, sentido- Armstrong cuando dijo “esto es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”. Y ahora sí, lo experimenté. Y creo haber sentido lo mismo. Sentí por primera vez, que estaba haciendo historia, otra historia, que siento más real y verdadera. Allá creímos formar un equipo indestructible, de voluntades apasionadas, mentes involucradas, comprometidas. La emoción me embargó, las palabras sonaron conmovedoras, los aplausos se sucedieron una y otra vez, la tormenta y el viento sacudieron los árboles y alborotaron el río. Vientos de cambios se avecinan, y yo... yo soplo fuerte.

Siempre es un placer leerte. ¡Besos guapa!
ResponderBorrarGracias infinitas, Julito! Qué honor contarte entre mis lectores!!! besos!!
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