miércoles, 29 de julio de 2015

Mujeres fuertes III: Andando la vida en alas

Ella le tiene fobia a sus pies. A todos los pies, me aclara. No le gusta andar descalza, ni ensuciarse los pies. Las pocas veces que lo hace se siente más fuerte, como vencedora, sea en pasto, arena o en el piso de su casa. Y solo en su casa. Le gusta leer, cocinar para muchos y comer chocolate en invierno.
Es una mujer muy aplicada en lo que hace, en su trabajo, en su profesión. Pero su espacio personal es un completo desorden de actividades y horarios. Dedica tiempo al otro, lo siente como un regalo y una forma de retribuir lo que la vida le regaló. Dedica tiempo a su familia y a sus amigos.
Tuvo una infancia feliz, rodeada de afectos, con veranos teñidos de verde e inviernos a té con leche. Siempre estudiando y buscando crecer. Se dedicó mucho a su carrera, casi al punto de olvidar su propio desorden vital. Ese desorden que la hace sonreír y sentir.
La situación de pareja no era lo suyo. Se decidió entonces, por andar la vida sola, con buenos zapatos. Pero siempre dejando huella. Hasta que la compañía la cautivó y eligió a quien confiarle sus fobias. Una de sus primeras citas fue para confesar estas situaciones desafortunadas. Le gustan las cuentas claras. Fiel a sus principios y valores, desafió la mediocridad que muchas veces la rodeó. Su hogar fue su fortaleza. Su profesión, su refugio. Y el amor, su sonrisa.
Se escuda en el silencio y el bajo perfil. No le gusta exponerse y si lo hace, lo hace porque lo siente profundamente. Es una mujer que se mueve por deseos y pasiones. Son su motor de haceres. Sufre de claustrofobia. Honra la libertad. Descubrió no tempranamente que se puede ser libre, compartiendo su vida con otra persona.
Pasó tiempos grises, también negros. Pasó tormentas y, pese a horizontes bien oscuros, no le tuvo miedo a volar. Siempre sonríe, incluso ante la adversidad, la enfermedad, las pérdidas y despedidas. Llora muy seguido. Lo hace en silencio, sola. Algunas pocas veces, de la mano de su compañero, nariz con nariz. Llora sus muertos y sus pérdidas, llora los castillos de arena derribados por la mar. Llora los futuros que no fueron y los presentes rutinarios. Perdonó sus pasados. Los recuerda con sonrisas, indulgente. Pero no olvida, retiene sin rencores, solo para no andar los mismos caminos y no tropezar con las mismas piedras.
Venció algunos miedos y fobias. Ya no duerme con medias si lo hace acompañada. Y se atrevió a usar un anillo, incluso para dormir. Se corrió de la vía estrictamente profesional y laboral. Descarriló y se dedicó al crear. De chica, le gustaban los trencitos eléctricos. Así que éste también, probablemente, fue un mandato vital. Ahora sospecha que le daban fobia los pies porque lo importante era criar alas para crear, soñar, volar, sobrevolar y saber alejarse.

Ella es valerosa y valiosa. Y en ella, somos todas… mujeres fuertes.


1 comentario: