sábado, 1 de agosto de 2015

Uno / Oda a la Pachamama

Nuestros ojos honran la vida, la pacha.
Azules los míos, como la profundidad de los mares.
Tuyos los marrones, como la fertilidad de las tierras.

Nuestras miradas honran el universo generoso.
Se despiertan al amanecer a disfrutar la salida del sol,
con el viento del mar agitado.
Exhaustas, más tarde, lo ven ponerse en las montañas,
Sublimes, majestuosas, eternas.

Somos prisioneros del momento,
que nos invade, nos inunda.
Lo honramos perdiendo el rumbo,
desconociendo la hora y el cielo.

Como en un nirvana, nuestras mentes se aquietan, se callan.
Se anestesian el pensar, la decisión y la voluntad.
Nuestros cuerpos se enredan en danzas tribales, poseídos.
El deseo nos envuelve y nos atrapa.
No se distinguen las manos del abrazo, ni las piernas del fuego.

Somos uno en el contacto, en la furia y en el grito.
Somos uno en el aliento, en el silencio y el compás.
Somos uno en el enredo, en la cintura y el estallido.


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